A veces las palabras hay que aguárdalas y darle descanso, pasar a los hechos, revestir de las consecuencias inexactas de los estímulos, vibrar en acontecimientos inmerecidos de elocuencias exageradas, en el alma regicida y satisfecha para abrir paso a los deseos fulgurantes de evocaciones sinuosas, de paralelos enigmas imantados con las caricias que estarás predestinadas a tatuarse, en las lívidas piel inaccesible, inexplorable, reflectante de lúgubres consecuencias humanes, joviales, trémulas en éxtasis de angustiosas horas, al fragor de las agujas incipientes del reloj los versos que no conocimos, los relatos que inventamos entre fascinantes experticia de entretenimiento profundo y abismal e irreverente estilo inusual de deseo